OCÉANO

Azul, infinitamente azul. Profundo e inexcrutable.
Cuántos tesoros descansan en su interior. Cuánto misterio hay en su forma de mostrarse. Desde los más remotos tiempos, buscadores y aventureros se han internado en el mar a la conquista de sueños. Es seductor, encantador, enigmático para unos; traicionero y peligroso para otros. El mar es inmenso, en eso coincidimos todos.
Alguna vez lo cruzaron mis antepasados para buscar su esperanza en el gran tapiz verde que llamaba desde las pampas. Subieron a un barco sin saber mucho, bajaron sabiéndolo todo. No puedo imaginar la eternidad que duró su viaje a las tierras desconocidas, al encuentro con los desconocidos que serían ellos mismos al llegar. Cuando pisaran tierra y se convirtieran en personas nuevas, en gente a estrenar. Con historias para construir y un inmenso pasado por olvidar. Cuánto valor!
Que fortaleza la de aquella muchacha de 19 años que subió en Génova y al llegar a Buenos Aires estaba convertida en una curtida mujer, crecida a golpes de marea.
Hoy estoy del otro lado, justo del lado que tanto ansiaron ver, aunque sea una vez más en su vida. Aquí estoy y ese mismo mar es tan ancho como lo veían. Cuánta razón tenían! Es que uno ve cada gota de agua como frontera entre las dos orillas. Y son tantas, tantas.
Solo los niños tienen el poder de empequeñecer el mar, de llevar su ancho a nada dividido por 1000. Cuando ,desde su absoluta inocencia, te dicen: Te quiero.
Te dejan parado en la otra orilla, despues de recorrer decenas de miles de kilómetros de agua en una sola gota. La que hacen rodar por tu mejilla.
No eres tan ancho mar, no te creas.

No hay comentarios: