PATODROMO

martes, septiembre 20, 2005

EL INTOCABLE

Le tiraron de todo. Ganchos, jabs, uppercuts, directos de izquierda, de derecha; hasta algún codazo se le vino encima alguna vez. De todos modos nada llegaba a puerto, una cintura que se contorneaba bajo el plafond del Luna esquivaba golpes, cabezazos, escupidas, puteadas y un montón de ilusiones de pegarle al campeón.
Nicolino lo esquivó todo. Se le agachó al cuore hace unos meses y se le rió con tres by pass. Hace un par de días el calendario le tiró un 66 y el intocable, con una finta maravillosa, no acusó el golpe.
Hoy el bobo le tiró un directo que le dio de lleno.
Parece que venía cansado evitar tanto ataque, en un round que no terminaba nunca.
Ya está campeón, tranquilo.
Gong

martes, septiembre 13, 2005

CORAZÓN DE MADERA

Como un fantasma lo ves aparecer detrás de una espesa niebla de aserrín. Apenas se distingue el parpadeo de su inseparable cigarrito mentolado. Por todos lados hay madera, del suelo al techo. Puertas, patas, taquitos, mesas, todo, todo de madera. El Santi tiene madera hasta en la ropa, los bolsillos llenos del polvillo de la madera. Tanta madera, si hasta el corazón tiene de madera.
A veces, siempre, absolutamente siempre, recuerda a su amada mujer, a la que se fue tan pronto hace tan poco, a la que se le agotó la vida justo cuando estaba poniéndose todo más lindo. Cuando esos destellos vienen a su mente, la dorada medalla con la cara de su amada que le cuelga del cuello, pareciera brillar con más ganas. Sus ojos también, se sacuden tanto polvo y se llenan de un brillo húmedo y radiante. Con la humedad, se le hincha el corazón, el de madera, y parece que se le saldrá del pecho.
Soy viudo, me dijo anoche y parecía que se lo decía a sí mismo antes de llegar a la cruel realidad de la casa sola y las ollas frías. El Santi se estaba convenciendo, estaba metiéndole sierra a las ilusiones, martillando sueños, lijando deseos. Adónde podré viajar solo, decía, no se puede andar solo. Y fantasea con esa maravillosa mujer que esperaba para cenar a su hombre con olor a madera. A ese grandote que se erige como un roble y que tantas veces en sus brazos, se desarmó emocionado volviéndose chiquito como un puñadito de piezas de dominó.
Sos de buena madera Santi, te los digo en el idioma que vos mejor entendés: Sabe perfectamente, TOC TOC, que nunca dejaste de pensar en ella, TOC TOC.

martes, agosto 30, 2005

ANITA DE LOS DOS PUERTOS

Vivo en una sociedad que tiene una edad mental media de trece años. Una incultura generalizada aberrante, indignante. A la gente le interesa más la vida de los demás que la propia, y más precisamente la vida de la entrepierna de los demás. Muestra de una vaciedad absoluta. Cuando digo incultura, no me siento subido a nada, no me refiero a quienes no tuvieron la oportunidad de estudiar. Mi bisabuela era analfabeta, sin dudas la persona más culta de mi familia. Una mujer que vivió cien vidas juntas.
Anita de los dos puertos, vivió en dos continentes, en dos pueblos. De día estuvo en La Pampa, trajo tres hijas al mundo tras el sonido trepidante del cereal triturado en el inmenso molino harinero de la familia. Las crió con una mano durísima y algún guiño cariñoso, tanto como permitía su soledad. Esa vida de día la llevó luego a San Juan, donde con una mezcla explosiva de tenacidad, sacrificio, esfuerzo, creatividad, viudez y buena memoria; se puso a hacer helados. Los de la otra vida, la vida de noche.
Por las noches Anita vivía otra vida, caminaba por su pueblito natal, justo a la mitad de esa bota que es Italia. Un rinconcito pedregoso que apenas si cambió un poquito en diez siglos. En el centro de la plaza hay una fuente, dos de los chorritos de agua no funcionan. Lo decía siempre ella, hoy lo puede ver cualquiera que pase. Por las noches se iba a Morrovalle, se sentaba junto a su madre, parlaba la sua lingua, corría, saltaba, se vestía de algún color que no fuera su perpetuo negro. Al despertarse se sacudía el polvo marchegiani, se llevaba el pelo hacia atrás y salía a volver a ganarle a la vida. Le torcía el brazo cada día y le decía quien mandaba. Le ganó a la vida por cansancio, la gastó. Un día, que nos íbamos al circo con mis padres, luego de mil batallas, después de haberlo hecho todo y de haberlo vuelto a hacer; ese día nos dio unas golosinas para endulzarnos la función, nos besó en la frente y se fue a su cuarto a apagarse. Le volvió a ganar a la vida. Vive en cada uno de nosotros y nos acompaña, como buena cicerone, cuando alguna noche nos damos una vueltita por Morrovalle.

martes, agosto 02, 2005

MALA COMPAÑERA

Hola aquí estoy de nuevo, soy tu eterna compañera. Nací el día que tus padres empezaron a compararte con otros niños, me hice más fuerte cuando te importó perder a aquella chica en brazos de otro.
Todos los días de tu vida estaré contigo, en todo lo que hagas. Cuando tu cara empiece a armar una sonrisa, te daré un cachetazo. Te llenaré de recuerdos, no te dejaré dormir por las noches. Seré todo para ti, estaré encima de tus deseos, todo se cubrirá con mi color, jamás algo podrá gustarte del todo, yo haré que le falte un poco a todo lo que tengas.
Te apretaré las sienes, no te dejaré disfrutar, me encargaré de tu felicidad, para siempre una mitad será tuya y la otra mitad será mía. Te haré indeseable, comandaré cada acto, ya nadie querrá estar contigo. Porque eres mío, porque serás solo para mi. Porque no te soltaré, te llevaré por dondequiera, no volverás a decidir nunca jamás.
Eres mío. Lo serás por siempre. Ya es un hecho, no te resistas. Ahora duerme, despídete hasta mañana, dime adiós. Llámame por mi nombre, dime, adiós Envidia, hasta mañana.

jueves, julio 28, 2005

UNO, CADA UNO Y CADA CUAL

Basta cerrar los ojos, concentrarse en sus deseos y decidir ser quien uno se proponga.
Uno puede ser bombero y apagar todos los fuegos, liberar a la gente de su trampa de hierros y cemento. Ser cada día un héroe anónimo, un ángel guardián, entregándose entero sin condiciones ni intereses.
Uno puede ser científico, buscar la solución a las enfermedades, desarrollar vacunas que se suelten en el aire y no haga falta una sola moneda nunca más para administrar medicamentos.
Uno puede ser aviador y cruzar todos los cielos del mundo con una nave en las manos. Llevando, entre un montón de asientos, sueños, ilusiones, adioses, proyectos, penas, alegrías, amistad, soledad, amor. Yendo cientos de historias a la ida y trayendo otras cientos a la vuelta.
Uno puede ser escritor y gozar con locura en el momento sublime en que la roja sangre se vuelve azul en el trazo de la pluma. Cuando se vuelca el alma en el papel y se entregan hojas y hojas de sueños. Historias fantásticas para los pequeños, escritas en papel rosado para las adolescentes encantadas. Puede llevar relatos tórridos y complejas vidas, para lectores aburridos.
Uno puede ser maestro y llenarse el corazón de alegría en el momento de enseñar las primeras palabras a un montón de pares de ojos brillantes, agradecidos. Acompañando los pasos hacia el saber de quienes serán nuestro futuro, nuestra mayor esperanza.
Uno puede ser lo que quiera, puede ser gigante o enanito. Gordo o flaco, negro o blanco; o rojo o azul. Lo que quiera.
Pero jamás, nunca, en toda su vida podrá ser nada de nada, nada dividido en mil millones, nada menos nada; si antes no ha decidido: ser uno mismo.

miércoles, julio 27, 2005

PALTAS

Estoy sentado a la sombra fresca de un par de árboles frondosos. El papel en mis manos se ha vuelto verde clarito por el reflejo de tantas hojas, de tantos frutos. Son árboles de palta (aguacate), siempre deben estar en pareja. Esta especie es tan parecida a nosotros, solo dan frutos si hay dos juntos. Y lo curioso, lo que los hace más parecidos a nosotros, es que no siempre es fructífera la unión, solo lo hacen si hay compatibilidad. Algunas parejas de paltos pasan una vida de compañía sin el menor atisbo de una sola palta. Otras se doblan enteras cada temporada regalando el oro verde de sus ramas.
Es un árbol que sintetiza la relación de dos. Es fascinante, motivador al menos.
Me lleva a pensar en el origen de estos que me acogen hoy a sus pies. Veo las manos de ella eligiendo de una canasta las paltas más turgentes, las que prometían una carne más mantecosa. Las corta en la cocina con un cariño incomparable, va retirando la pulpa del interior, reservando la redonda semilla. Un tesoro marrón que inverna en el interior de ese huevo verde. Prepara ensaladas con una parte, pisa la otra con delicadeza para dejarla en un puré muy suave de color verde pálido que invita a meter un dedo, o dos.
Con las semillas inicia un ritual de semanas en agua, de un cazo al otro, cambiando el líquido, cuidándolas y hasta hablándoles de vez en cuando. Cuando dan su espigada plantita, ella las lleva al jardín, a ese rincón que tiene reservado. Con delicadeza y emoción les da la bienvenida a su jungla en miniatura. Serán compañía por un largo tiempo, serán la vista desde su ventana en tardes grises de invierno. Serán alimento para todos los que tengan la enorme fortuna de cobijarse bajo su techo.
Es una hermosa historia de amor, una historia más en la vida de esta mujer que va esparciendo su amor por el mundo. Va dejando sus frutos a cada paso. Justamente uno de sus frutos está entre la sombra y el papel recordando de donde vinieron estos paltos al jardín.
Gracias mamá.

martes, julio 12, 2005

EL VECINO DE ORION

Febrero regalaba un naranja suave que venía del azul más diáfano que se pueda imaginar. El naranja se fundía en redondeles como los que hace el pincel de acuarela en el vaso de agua y suave, acompasado, se convertía en violeta.
De repente estaba envuelto en uno de esos momentos en que la magia parece venir a apoderarse de todo y de todos. El momento justo en que el sol da su guiño, cuando la noche aprovecha y se le abalanza como una pantera para cegarlo definitivamente. Son dos segundos, un abrir y cerrar de ojos y la señora noche cubre con su capa todo el sol con un golpe de cadera de cabaret. Es el atardecer un momento increíble. Un instante que nos llena de emoción, que nos enseña que no sabemos nada de colores. Y al otro día vuelve a mostrarnos que no aprendimos nada, que jamás sabremos nada de colores. Si algún día nos parece que ya no hay qué nos sorprenda, siempre tendremos un atardecer más.
Ribetes pálidos en un horizonte que perdió la pulseada, la noche promete llegar de un momento a otro. Estoy ansioso esperando ese instante. He pasado todo este rato extasiado con los caprichos del color, para llegar a mi encuentro.
Comienza todo cuando las primeras estrellas parpadean aún como desperezándose. Cuando los diamantes tirados al azar sobre el terciopelo negro van ocupando su lugar. De pronto veo a mi izquierda que se ha terminado de armar el cinturón de Orión. Esa es la que esperaba, la estrella de abajo, la del pie, es mi preferida. Allí vive un amigo mío, un queridísimo amigo. Un ser especial, revoltoso, dueño de una vitalidad envidiable. De esos tipos que rara vez te cruzas en la vida y parece que quieren vivir diez vidas en una sola. Se que vive allí, en la estrella más baja de Orión, porque cada vez que pasé por un momento difícil lo tuve para pedirle que me echara una mano. Para que me ayudara a aclararme, para que conversara conmigo un rato. Este tipazo vivió sus diez vidas en una sola y muy joven se fue a vivir a aquella estrella. Fue mi primera gran pérdida, fue el momento en que descubrí que todo puede pasar. Que los vientos pueden girar y se vuela todo al revés. Que cuando las cosas se vuelan no se puede salir corriendo detrás, el viento es veloz. Y un chico en la alborada de su vida nos dice adiós, que se va a vivir a una estrella, que elijamos cual. Cuando veo que el sol se torna más rojizo, cuando percibo esa brumilla que se le cuela por los costados, dejo lo que esté haciendo, no importa que sea, jamás será más importante; y me siento un momento a esperar a mi primo. Lo saludo, le guiño un ojo y sigo con lo mío. Cuando veas un sol rojizo, siéntate un instante, siempre tendrás una estrella para poner un amigo. No se, pero me da la sensación de que puede estar más contento allí. O seré yo, no lo se.